
¿Eres feliz?
febrero 9, 2026
Las rabietas
febrero 9, 2026“Tu corazón, tu vida, tu felicidad…. Son tu responsabilidad, sólo tuya”. No sé qué me sorprendió más de este vídeo: la claridad con la que expresa un dilema humano complejo, o el hecho de que quien lo expresa es Will Smith.
Es uno de los grandes duelos universales: asumir que sólo yo puedo responder de mi propia vida, de lo que me ha pasado, de lo que he sufrido y de lo que he disfrutado, “aunque no lo haya elegido” (gracias por esta frase, querida Marian), y de lo que soy como resultado de todo ello. Responder de lo que he vivido significa decir “sí, esto me pasó a mí”, “sí, esta es mi historia”, “sí, estas son las decisiones he tomado”, y decirlo con aceptación, amor y gratitud. Más que aceptar, me gusta la palabra tomar (Bourquin, 2014): no sólo tolerar sino decir sí, incorporar, integrar, reconocer que todo eso que he vivido me ha traído donde estoy y me ha convertido en lo que soy. O como decía mi admirado Sampedro (2015), “aprovecharlo para hacerse lo que se es”. Porque negar o rechazar lo que me ha tocado vivir es negar o rechazar una parte de mí.
Tomarme tal como soy y tal como estoy, tomar mi vida tal como es ahora, con mi mochila y mis circunstancias, puede ser difícil. Sobre todo cuando hay cosas dolorosas o atemorizantes que disparan mis defensas, mis automatismos de lucha o huida, y me enganchan a la reivindicación de que el otro haga algo para reparar(me). Qué duro es darse cuenta de que soy yo la que me he puesto en esa posición de no-poder. Qué difícil es sostener el dolor cuando lo que me pide el cuerpo es gritar, pelear, patalear, quejarme, vengarme, dejarlo todo o salir corriendo. Sostenerlo en el corazón, mirarlo y decidir qué hacer con él. Ese momento en que me doy cuenta de que sólo yo puedo hacerlo, que no hay nadie a quien echarle la culpa, ningún otro sitio al que mirar. Que aunque me ayuden sólo yo puedo curarlo. Uff…
Pero lo genial de todo esto es que al final de este proceso de duelo me espera la libertad de elección, y con ella un “sentimiento de soledad tan abrumador como liberador y empoderante” (Aznárez, 2016). Porque soy dueña de mi propia vida y por tanto puedo elegir qué hago con ella a partir de ahora. Yo decido hacia dónde dirigir mis pasos, y con la mirada puesta en mi destino, elijo cada día cómo hago mi camino.
REFERENCIAS:
- Bourquin, P. (2014). Las constelaciones familiares. Desclee de Brouwer.
- Sampedro, J.L. (2015). La vida perenne. Plaza & Janes.
Aznárez, B. (2016). El poder de la magia en psicoterapia breve: una introducción. Revista digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, vol. VI, nº 3.


