
Canciones geniales de educación emocional
febrero 9, 2026
Mi experiencia con mindfulness
febrero 9, 2026“Navegar sin naufragar por el mundo de las emociones requiere una brújula. Porque no basta con amar: hay que amar de forma incondicional. No basta con escuchar: hay que escuchar atentamente. No basta con llorar: hay que aprender a superar el dolor. No basta con intentar resolver los problemas de quienes amamos: hay que ayudarles a responsabilizarse y a sobreponerse a los obstáculos. Cuando necesitan una solución no basta con darles nuestra solución: debemos ayudarles a encontrar sus propias soluciones. Si tenemos hijos, no basta con alumbrarles y proyectar en ellos nuestras esperanzas. Necesitan que les eduquemos con amor incondicional y un día, cuando ellos sientan que están preparados para enfrentarse solos a la vida, les dejemos ir en libertad. Para seguir nuestro propio camino, sin miedo.”
Elsa Punset en Brújula para navegantes emocionales.
Para muchas personas amar de esta manera requiere un desaprendizaje y un aprendizaje. El cambio es difícil puesto que abandonar viejos modos exige conciencia y a veces dolor; y abrazar lo nuevo da miedo por desconocido. Pero es menos difícil si confiamos en nuestra brújula interior. Ese auténtico rádar emocional con el que venimos equipados de nacimiento.
Todos disponemos de sistemas psicobiológicos de aproximación y defensa. El sistema de defensa detecta las amenazas (del mundo físico y del interpersonal) y moviliza la respuesta de lucha-huida. Esta respuesta incluye los cambios fisiológicos asociados al estrés, las emociones defensivas básicas, es decir, miedo, rabia, vergüenza o tristeza, y las sensaciones corporales asociadas a éstas. El sistema de aproximación pone en marcha las sensaciones y emociones que nos llevan a establecer vínculos más o menos íntimos con otras personas. El amor nos vincula a nuestro círculo más cercano e íntimo, la pareja y la familia; la alegría nos empuja a relacionarnos con círculos más amplios de amigos y compañeros; y la curiosidad es lo que nos empuja a explorar y conectarnos con el mundo.
Éste es nuestro radar. El que nos dice cuándo toca defenderse, en quién podemos confiar, qué necesitamos en cada momento. Funciona de manera automática y fiable. Sólo hay que dejarse guiar y ponerle conciencia.
Dejarse guiar no significa dejarse llevar. Los sistemas de aproximación y defensa son sistemas de acción que nos impulsan a actuar para adaptarnos a las circunstancias y satisfacer nuestras necesidades. Pero estos impulsos no siempre pueden o deben actuarse, por las consecuencias que puedan tener para otras personas o para nosotros mismos. Ahí es donde entra en juego la conciencia. La clave es darnos cuenta de qué impulsos, sensaciones y emociones estamos sintiendo en este momento. Con esta información somos más libres y más capaces de decidir cómo actuar de manera responsable.
Cierto es que a veces ese rádar natural se estropea, se desactiva o se desorienta. Y entonces hay que repararlo, lo que conlleva un esfuerzo de conciencia mayor. Otras veces el problema es simplemente que ignoramos sus señales. Porque sentir rabia, tristeza, miedo o vergüenza es cuanto menos incómodo, sino profundamente doloroso. Y porque nos exige cambiar algo, y cambiar da miedo. Y entonces nos refugiamos en todo aquello que, nos decimos, condiciona nuestras vidas: un trabajo agotador y frustrante, una infancia traumática, un matrimonio infeliz, un hijo problemático… Las dificultades existen, por supuesto, y seguirán existiendo; nadie dijo que la vida fuera justa. Pero lo cierto es que somos los únicos responsables de nuestra vida, los únicos que podemos hacer nuestro camino con todo lo que encontremos en él. Los únicos que podemos elegir cómo respondemos a las dificultades, qué hacemos con los obstáculos. ¿Nos quedamos parados ante ellos? ¿Nos hacemos pequeños y protestamos? ¿Sorteamos el obstáculo pero seguimos caminando malhumorados? ¿Lo evitamos? ¿O lo transformamos en algo que simbolice lo que nos ha enseñado y lo guardamos en la mochila? Sólo nosotros somos responsables de decidir cómo queremos vivir con lo que nos ha tocado.
Cuando escuchamos nuestro rádar, entiende que ha cumplido su función y no necesita seguir señalando. La sensación y la emoción desagradable desaparece o se atenúa.
Educar con amor incondicional, volviendo a la cita de Punset, es confiar en mi propio rádar para enseñar a mi hijo/a a confiar y dejarse guiar por el suyo. Y esto no es ser permisivo/a. Es enseñarle a hacerse responsable de su propia vida. Ejercer mi autoridad al servicio de su libertad.


