
Responsabilidad
febrero 9, 2026
Tu niño/a
febrero 9, 2026“Llora, grita, patalea, se tira al suelo… Y no hay forma. Le pido que se calme, que se levante, pero nada…. Me enfado y me muero de vergüenza porque todo el mundo nos está mirando. Al final acabo gritándole, cogiéndole y metiéndole a la fuerza en el coche”.
César me cuenta la escena que vivió la semana pasada en un supermercado con su hijo Daniel de 4 años. Está agobiado porque últimamente se ha convertido en algo cotidiano. No sabe de dónde vienen estas rabietas ni qué hacer con ellas.
Para muchos padres este tipo de situaciones son angustiosas porque provocan un conjunto de emociones y creencias que ponen en juego su sentido de autoeficacia: impotencia, frustración, rabia, miedo, vergüenza, “no puedo”, “no soy capaz”, “no soy buen/a padre/madre”… Todo esto conlleva un estrés que les empuja a actuar para poner fin cuanto antes a la situación, aunque el resultado no haga más que reforzar las creencias negativas y la frustración.
Romper este círculo es difícil. La clave está en conectar y comprender qué le pasa en ese momento, qué necesita. Pero el estrés y todas esas emociones angustiosas pueden bloquear su capacidad de mentalización, es decir, su capacidad para imaginar lo que debe de estar sintiendo y necesitando su hijo/a.
Entonces, ¿cuál es la respuesta adecuada?
César tiene el primer paso dado: reconocer su propio estado interno. César se da cuenta de que siente rabia y vergüenza. El siguiente paso es legitimar esas emociones, sin juzgarlas, aunque en el momento no entienda bien de dónde vienen. Y el siguiente, respirar unos instantes y valorar si su nivel de activación le permite pararse a mirar de verdad a su hijo.
Le pido a César que imagine que su hijo tiene una colección de máscaras que lleva siempre consigo, y que en cada momento elige cuál ponerse. Tiene la máscara del juego despreocupado, la máscara de la diversión, la máscara del miedo, la máscara del cansancio, la de la concentración, la de los mimos… Y la de la rabieta. La máscara no es más que una expresión externa de su estado interno, es decir, de sus necesidades, impulsos, emociones, sensaciones corporales…. Y está formada por todo eso que nos muestra: lo que dice, cómo lo dice, su postura, sus gestos, lo que hace… César puede imaginar que detrás de la máscara de los mimos hay una necesidad de amor, ¿por qué le cuesta tanto ver tras las rabietas? El propio estado interno de César le impide desenmascararlas.
Así que la primera propuesta que hago a César es que procure alcanzar un estado interno que le permita ver detrás de la máscara, disminuyendo su nivel de activación.
Será entonces cuando podrá mentalizar: imaginar el estado interno de Daniel, qué siente qué necesita, qué necesita de él. Quizá se siente triste porque ha perdido en un juego y no sabe expresarlo, o no se siente suficientemente apoyado en sus iniciativas, o necesita conectar y divertirse con su padre, o se encuentra incómodo porque está muy cansado, o un compañero le ha empujado en el cole…. Se trata de conectar con el malestar de Daniel, dejar que resuene dentro de él (sí, como si fuera una caja de resonancia emocional para su hijo). Demostrarle su comprensión y apoyarle. Esto hará que Daniel se sienta visto, sentido y conectado, y se calme. Entonces es cuando César podrá preguntarle o hablar con él para averiguar más cosas acerca de la situación que le ha hecho sentir ese malestar y, así, ayudarle a explicarse a sí mismo.
Rabietas del cerebro superior vs rabietas del cerebro inferior
A pesar de todo esto, César no parecía convencido. Tenía miedo de que si su respuesta a la rabieta de su hijo era consolarle, Daniel aprendería a utilizar las rabietas para salirse con la suya. Daniel Siegel hace una propuesta en su libro El cerebro del niño que me pareció útil para César: distinguir entre “rabietas del cerebro superior” y “rabietas del cerebro inferior”.
Las rabietas del cerebro superior están gobernadas por la corteza cerebral, y son las que suelen utilizar los niños para manipular a sus padres y conseguir sus deseos. Pero son fáciles de identificar. Basta con redirigir la atención del niño/a hacia otra actividad, tema o estímulo que le interese mucho.
Las rabietas del cerebro inferior están gobernadas por la parte más interna del cerebro, básicamente el sistema límbico y el tronco cerebral. Es la parte encargada de poner en marcha las respuestas básicas de supervivencia, incluidas las emociones, la respuesta al estrés, el funcionamiento de las hormonas y del resto de órganos del cuerpo. Estas son las rabietas que indican un estado interno desregulado, y que precisan de la ayuda de un adulto para regularse, mirando detrás de la máscara.


